Algunos ya saben con quién me reuní en Lima hace cuatro días, pero la mayoría no, así que, ahí va el chisme: ¿quién hizo de tripas corazón, se sacudió los miedos y estereotipos sobre latinoamérica y voló más de 15 horas para reunirse aquí, en Perú, conmigo???
¡¡¡ La MAMMA MIA !!!!!
Síííí..... y aún lo estoy asimilando; me cuesta creer que mi madre, aquella que sólo considera vacaciones estar en la playa disfrutando del sol y del mar, haya venido a Perú a reunirse conmigo y, palabras textuales: "sin trastocar tus planes y a seguir tus pasos. Me adapto a ti, Tacha". "Pobre...no sabe lo que dice, qué linda!", pensé. Ella no sabía que seguirme significaba: dormir en literas viejas de dormitorios comunitarios, comer menús en bares de camioneros, caminar mucho cargando la mochila, horas y a veces noches enteras en buses, pateadas de horas para descubrir bellezas naturales, duchas de agua fría (u oler a tigre, a gusto de cada uno) y un largo etc. de incomodidades propias del mochilero. En definitiva; viajar con tacha no es precisamente ir de vacaciones y hacer un poco de turismo, es VIAJAR; con lo bueno y lo no tan bueno q eso supone. Y ¿qué pasó? Que a la vieja le dieron igual mis advertencias y se vino. Y, a mí, me enterneció tanto que, decidí subir, durante el mes que vamos a estar juntas, el caché del viaje para que disfrutáramos las dos de algunas comodidades extras, tales como: dormir en habitaciones para nosotras dos solas, donde pueda tirarse los pedos tranquila, mi niña, ¡qué menos que hacer eso por una madre!
Así que, aquí estamos, recorriendo Perú en bus por la carretera Panamericana, parando en pueblitos chiquitos y visitando lo mucho que tiene este país por enseñar. Ayer, por ejemplo, llegamos a Nazca, un pueblillo en medio del desierto, que se ha hecho mundialmente famoso por las enigmáticas lineas o, mejor dicho, los geoglifos, que un científico descubrió sobrevolando con su avioneta el
desierto. No se sabe quién, ni por qué, ni cómo se hicieron las lineas; si fueron civilizaciones antiguas, extraterrestres o algún pirado, pero es esa incógnita lo que atrae a miles de turistas a este lugar, entre ellos, cómo no, nosotras. Así que, cuando llegamos, nos dejamos acosar por los vendedores a comisión y compramos los tickets para ver las lineas. Nos subimos a una camioneta que nos llevó a las afueras del pueblo, al desierto, donde habían construido una pista improvisada de aterrizaje con la que hacían el negocio del siglo. Con esa pista satisfacían las ansias de curiosidad de los turistas. Y allí estábamos nosotras, sedientas de aventura, dispuestas a cualquier cosa. Así que, nos subimos a una pequeña avioneta para cuatro personas que, según mi madre, era; "un cacharro viejo, tacha" y con ella íbamos a sobrevolar las famosas lineas. Yo me subí súper excitada y mi madre súper desconfiada. Y razones tenia para desconfiar; primero el aspecto arcaico de la avioneta y, segundo, el piloto, que era un alumno en practicas, aunque al lado iba el instructor enseñándole todo. Pero bueno, así, con todo, despegamos y, una vez arriba, la vista era espectacular, igual que el ruido del motor: espectacularmente ensordecedor. Pero eso no fue nada comparado con cómo pilotaba el novato el aparato. Cuando llegamos al primer geoglifo, para que pudiéramos verlo desde la ventanilla, el piloto casi le da la vuelta al avión; ¡giró tanto que las alas estaban casi en vertical respecto del suelo!! A mí se me dio vuelta el estomago con la maniobra. Cuando llegamos al siguiente, lo mismo; otro giro brusco. ¡Buah! yo empece a sentirme mal, a marearme y, como los giros no cesaban, porque había que ver como unos 20 geoglifos, cuando llegamos al décimo, yo ya estaba pálida, empapada en sudor frío, con la tensión por los suelos y vomitando. Mi madre me miraba meada de la risa y me preguntaba si estaba bien. Supongo que eso era lo que decían sus labios, porque con el ruido del motor, no se escuchaba nada de nada. Y ¿qué responderle?. Ajo y agua. No había otra. Ella continuó sacando fotos y yo aguantando como podía los giros de las últimas figuras. Qué pesadilla. Jajajaj...ahora lo escribo y me río, pero ayer, ayer me quería morir; sentirme así de mal en un habitáculo tan pequeño, donde no puedes moverte en absoluto, con un cinturón de seguridad que te sostiene de los hombros hasta las piernas y con el calor que hacia ahí dentro sin poder abrir una ventana, obviamente...uf, una mierda, la verdad.
Pero bueno, ya pasó y, por lo menos a mi madre le gustó el viajecito en avioneta. Así que, una vez en tierra, todos contentos. Luego, para celebrar que sobrevivimos, nos tomamos unos deliciosos Pisco Sour, que es a Peru, lo que la margarita a Méjico.
Y con los efectos pertinentes de dicha bebida, nos subimos a un bus nocturno a dormir la mona hasta el día siguiente o, lo q es lo mismo; 10 horas más tarde, que despertamos en nuestro siguiente destino: Arequipa, desde donde estoy escribiendo este relato, relajada en la preciosa azotea de una antigua casa colonial restaurada en hostel. Mientras tanto, la mamma duerme una placentera siesta. Se ve que le falta practica durmiendo en buses. ;-)
Besosss



Hola Tacha, soy Ire.me alegra volver a yener noticias tuyas... un mes casi sin escribir se me hizo muy largo...tenia ganas de tener noticias tuyas... y he de reconocer que verte acompañada de tu madre me ha hecho mucha ilusión.se que estás muy bien acompañada, y aunque tu seas una viajera intepida y muy preparada, los mimos de mami nunca vienen mal.Bueno, no te entretango mucho, solo deseo mandarte un fuerte abrazo a ti y otro a tu madre.... sigue disfrutando como hasta ahora... y sigue contandonos todo, es maravilloso leer tus lineas.Un beso muy grande.
ResponderEliminarMuchas gracias por tus palabras, Ire! la verdad es q tienes toda la razón; madre no hay más que una y estoy encantada de que este aquí un mesesito! que bueno!
EliminarHan sido varias las personas que extrañaban algo nuevo en el blog, asi que, en estos días espero ponerles al día de lo que paso el mes pasado... ya veras!
Tu que tal? la peque, Martina? Gonza?
Espero que todo bien!!
un beso muy grande a todos!!muuuak
No nos podemos quejar.nuestro gran tesoro, martina, esta muy bien,muy indeoensiente e inquieta.. como buenos padres primerizos nos tiene conquistados...jejejeje.Gonza bien, con muho n trabajo.. no nos podemos quejar...Pasalo bien, disfruta y se muy feliz, aunque como ya te dije...acompañada de tu mami estarás muy feliz.
Eliminarte queremos mucho
Hola!
ResponderEliminarEsa última foto es antes del vuelo, no? Tienes buena cara...jajajajaja! A mi compi de viaje le pasó algo parecido. Nos decían ahora veremos por la izquierda la figura del colibrí, pero el solo veía la hora de aterrizar!!! Jajajajaja!.
La gran Beemsterboer si q esta hecha una campeona. Se mete una paliza de viaje para reunirse con su hija querida y es capaz de sacar fotos desde la avioneta!.
Bueno, a seguir disfrutando de ese hermoso país y de la inmejorable compañías!!.
Un abrazo fuerte.
Hola Tacha, Somos Antonio Maccera y Giselle, nos conocimos en el tren de regreso de aguas Calientes a Ollantaytambo,Con la locura de la bajada y los chicos, no nos depedimos como hubieramos querido, es decir como acostumbramos, así que con lo que nos contaste, tu Blog, viajes y nombre, te encontré acá.
ResponderEliminarLa pasamos muy bien, ustedes son dos personas muy simpáticas e hicieron del viaje algo muy entretenido, momentos que recordaremos siempre. que experiencias!!! de hecho para recordar. bueno ya sabes. siempre será un gusto. Para cualquier cosa ahi estamos!! yo maccera@gmail.com 997620512 y giselle en giselle.arrue@gmail.com 998179375. Que tengan un lindo viaje!!! muchos saludos. Giselle y Toño