Paseaba por la playa y recogía algunas de los cientos de conchas que había en la arena, cuando se me cruzó un pensamiento; aquellas lindas conchas que tenía en la mano no eran simples objetos decorativos para llevarme a casa, eran casas. Me detuve a obsevarlas de un modo distinto al habitual y miles de pensamientos se me vinieron a la cabeza. Pensamientos que quisiera compartir ahora aquí. Pensé que aquellos cientos de conchas juntas formaban las ciudades del fondo del mar, ¡qué maravilla y qué belleza! E, inevitablemente las comparé con nuestras ciudades e, inevitablemente, salimos bien perjudicados en la comparación. Pero, por qué.
Caracolas versus casas:
Los hogares elegidos por los seres marinos en contraposición con los hogares que habitamos los seres terrestres.
Aparte de las diferencias estéticas (cómo me gustaría vivir en una caracola gigante) y estructurales que todos apreciamos a simple vista entre unas y otras: forma, color, tamaño, textura (interior y exterior), peso, materiales de construcción, etc. Existen importantes diferencias en cuanto a su funcionalidad.
Las caracolas son hogares muy sofisticados que poseen:
- sistemas de recolección y almacenaje de alimento: mediante las estrías y los canales de la concha,
- sistemas de defensa;
•camuflaje frente a depredadores
•estructuras punzantes frente a depredadores
•estructura ergonómica frente a circunstancias climatológicas adversas (corrientes, vientos, oleaje)
- Sistema de saneamiento de altísima eficiencia; desechos no contaminantes, reciclables y reutilizados y reconvertidos en nácar: súper reparador de conchas.
Si pienso en la funcionalidad de nuestras casas, me
da risa.
Y por si fuera poco con lo anterior, añadir que estos seres son capaces de transportar sus hogares allá donde sus necesidades se vean satisfechas. Son móviles. Quién no desearía tener uno así en estos tiempos de crisis para emigrar a la luna. Nuestras casas nos amarran e impiden que desarrollemos nuestras verdaderas funciones. Las de ellos son transportables y eso es gracias a la liviandad de los materiales con que están construidas y la capacidad de sus habitantes de elegirlas del tamaño justo para poder transportarlas a la par que vivir en ellas sin mermar el desarrollo de sus funciones vitales.
Sobra decir que dichos habitantes no conocen el
concepto de propiedad privada, ni poseen título inmobiliario alguno; todo pertenece al mar y se puede hacer uso libre de los elementos que en él se encuentran. En caso de precisar más espacio, el inquilino abandona su antiguo hogar y busca uno que se adecúe mejor a sus nuevas necesidades. Sin mayor complicación.
Así son los hogares marinos, sus habitantes y costumbres.
Una vez más, la observación detenida de la
naturaleza me da una lección y me recuerda que el
humano, al contrario que todas las demás especies animales del planeta, no observa su entorno, no lo aprecia, ni aprende de él y, por lo
tanto, ni se adapta, ni vive en armonía con él. He ahí la base de
su desdicha.
Sólo un detalle más (para los más espirituales); el patrón principal que siguen las caracolas es la espiral. Para quien no lo sepa, es el mismo patrón que sigue la energía cósmica. Así pues, estos hogares marinos, poseen mejor Feng Shui que cualquiera sobre la tierra. ;-)
Ánimo a todos aquellos con lastres inmobiliarios, podemos desprendernos de nuestros pesados y absurdos hogares. Con muy poco y una buena dosis de creatividad y sinceridad para con nuestras verdaderas necesidades, podemos transformarlos, recrearlos y convertirlos en hogares más útiles, sostenibles y armónicos con nosotros y nuestro entorno.
Caracolas: Sistemas permaculturales de altísimo nivel.
Símiles para reflexionar. Serie fotográfica. Tacha.












Hola wapisima somos anastasia y ricardo ...abrazos y besos desde tenerife ....esparamos q estes muy bien recorriendo mundo ....a ver si nos vemos prontito ....muacksssssssss
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