Llevo unos días ya en la Isla de Chiloe (sur de Chile) y hoy parto de nuevo hacia el continente, pero esta vez de otra manera. Esta vez SOLA.
No recuerdo ya el número de personas que me preguntaron cuando organizaba mi viaje que cómo se me ocurría viajar sola. Llevo viajando 3 meses y es la primera vez que voy a comenzar una etapa en la que estaré realmente sola. Hasta ahora conocí muchísima gente, compartí más con unos que con otros, pero entre unos y otros jamás me sentí sola. De hecho, con algunas personas la conexión fue tal que hasta viajamos juntas. Una de esas personas fue mi gran amiga Lilian, una pequeña sabia de la que ya he hablado, a quien conocí en Argentina y con la que recorrimos Uruguay. Y la otra fue Ber, de quien no he hablado hasta ahora, pero quien se merece una gran mención. A ella la conocí en el Cabo Polonio y de ella me enamoré. Vivimos momentos maravillosos en el Cabo y decidimos continuar parte de nuestros respectivos viajes juntas. Salimos juntas del Cabo, recorrimos Uruguay y cruzamos la Argentina hasta Chile, su tierra natal. Con ella descubrí un Chile que me era del todo desconocido y que también me enamoró. Fueron semanas tan intensas y maravillosas como inesperadas. Pero todo lo bueno tiene su fin y, en este caso, el final de su viaje separó nuestros rumbos; ella tuvo que regresar ayer a Santiago después de un viaje que duró 4 meses, y yo, que aún estoy en el comienzo del mío, me dirijo al lado opuesto, a donde siempre quise ir; a los confines de la tierra, el sur helado e inhóspito de la Patagonia. Quiero enfrentarme a esta nueva situación, a la temida soledad y a mis fantasmas, recorriendo la carretera austral hasta llegar a la Tierra del Fuego. Y allá voy. Deseo realizar esta parte del viaje precisamente sola. Deseo sentirme en esas circunstancias tan poco habituales para m. El frío y el mal tiempo son mis peores enemigos y será bueno hacer frente, tanto a las adversidades climatológicas como a las emocionales, sin tener a nadie cerca en quien refugiarme. Siento que después de esta prueba, si logro no distraer mis fantasmas con nada, ni con nadie, alcanzaré una tranquilidad interior tal, que podré disfrutar de la compañía de la gente de una forma más pura y sincera. Estando con consciencia; por deseo propio y no por distracción.
En una hora zarpa el barco que me lleva al continente, a el Chaitén (Chile). Empieza el desafío.
Un beso muy fuerte para ti, Ber, te deseo mucha fuerza en tu retorno a la vida normal, que la cuidad no apague la luz que desprendes. Que seas tú la que ilumine al resto. Y otro beso para tu hermosa
familia que tan bien y con tanto amor y calor me acogió en su casa. Me hicieron sentir como un miembro más y, sentir eso, estando a millones de kilómetros de mi tierra natal, me hace sentir muy agradecida y afortunada. Graciasssss por recibirme con los brazos abiertos Mao y Carola, y también a los pequeños pero grandes Anouk, Mika, Ivalú y Noah!!
jueves, 19 de abril de 2012
viernes, 13 de abril de 2012
Cruzando fronteras: CHILE
No importa que sea viernes 13, que lleve viajando casi 48 horas seguidas entre trenes y buses, que esté mal comida, mal dormida, sin duchar y oliendo a tigre, porque estoy cruzando la frontera argentina por Bariloche en dirección a la Isla de Chiloé, en el sur de Chile y el paisaje es espectacular!!! Montañas, lagos, llanuras, cabañas de madera y, lo mejor, las praderas forradas de arboles de todos los colores; el otoño esta llegando y mis palabras no alcanzan a describir la belleza que producen las degradaciones de color de las hojas... es una explosión de tonalidades; verdes, ocres, naranjas y rojos, lilas, marrones, grises.. mis ojos no dan abasto; después del gris triste de la cuidad, esto me resulta visualmente orgásmico....ohhhh yesss...
Os dejo que me voy...con los sentidos...una y otra vez....mmm
Os dejo que me voy...con los sentidos...una y otra vez....mmm
jueves, 12 de abril de 2012
Tren a la Patagonia.
Estoy en un tren cochambroso de camino a la archiconocida Patagonia. Me espera un largo viaje nocturno por delante y quería aprovechar un rato, antes de quedarme frita, para escribir en el blog. Pero acabo de ver que la última entrada fue hace 17 días, cuando estaba a punto de estrujar pezones de vaca...¡qué lejos se me hace ahora aquello y qué intensa experiencia, por cierto! Han pasado muchas cosas desde entonces; estuve unos días más en la comunidad y luego decidí regresar de nuevo al Cabo Polonio. Ésta vez regresé sola; mi amiga Lilian, con quien había compartido todo el viaje por Uruguay, prefirió permanecer unos días más en la comunidad aprendiendo. Ya no volvimos a juntarnos. Yo, sin embargo, sentía que tenía una cuenta pendiente con el Cabo: Fabiana, la dueña de la Posada Noctilucas, donde me había hospedado la última vez, me había dado la oportunidad de aplicar mis conocimientos recién adquiridos en permacultura y construcción con barro en su posada y, pensé que, podría ser una linda experiencia poner en practica lo aprendido y dejar una pequeñita semilla en un lugar tan importante para mí. Así que, regresé. Además, quería volver a entrar en el "nido" de forma voluntaria para volver a dejarlo desde la conciencia, sin traumas. Y así fue. Volví y el recibimiento de mi familia Uruguaya fue increíble, todos se alegraron mucho de mi vuelta, fue hermoso sentir todo ese cariño y amor. Santi, Fabi, Fátima, Sole, Damián, Ajo, Ber...si leen esto: gracias por tanto, por todos los momentos compartidos, me los llevo en mi corazoncito, bien adentro, mis lindos. ¡Besos a todos!
Y bueno, llegué, hablé con Fabiana sobre su plan y nos metimos manos a la obra. Había dos cosas que hacer; tapiar una puerta y abrir el hueco para esa misma puerta en otra pared. La idea estaba clara: como en el Cabo, por ser espacio natural protegido, no se puede construir y, por ende, tampoco entrar materiales de construcción, había que inventar la manera de, con los recursos del lugar, lograr el objetivo. Así que, los principios permaculturales dieron sus primeros frutos cuando se me ocurrió reutilizar los materiales existentes y sobrantes del Cabo, es decir, la basura. Por un lado, sugerí la idea de tapiar el hueco levantando una pared con botellas de plástico. Y, por otro lado, encalar en hueco que íbamos a abrir en la pared con una mezcla hecha a base de arcilla, arena, caca de caballo y agua. El hueco que había que tapiar era interior, así que, el plástico no se degradaría. Era una buena opción: barata, sostenible, estética y legal. Y fue acogida con mucho entusiasmo. Todos se ofrecieron a ayudar y en un momento se formó un equipo de trabajo de primera. Santi, mi pequeño hermano uruguayo, se entusiasmó tanto que rompió el muro en un pispás. Los demás nos repartimos el resto del trabajo: recuperar botellas en las basuras y rellenarlas con arena o agua e ir a buscar arcilla en los médanos, arena en la playa y caca de caballo. Los materiales estaban todos allí, sólo había que encontrarlos y traerlos. La búsqueda fue un éxito, conseguimos muchas botellas, arcilla de calidad y caca de la buena; con consistencia y poco olorosa ;-)
Las botellas eran todas transparentes y las rellenamos unas con arena y otras con agua. Las que se rellenaban con agua servirían para dejar pasar la luz a través de la pared y lograr el efecto de la Noctilucas en referencia al nombre de la Posada. Las Noctilucas son las luciérnagas del mar; es el plancton que hay en el océano y que, al agitar el agua por la noche, debido a la energía estática, éste se ilumina.
Ése es el efecto estético que queríamos lograr y, con la
paciencia y la pericia de la parte femenina del equipo, se consiguió.
Cuando terminamos, todos estábamos contentos con el trabajo realizado y Fabiana, la "protomotora" del EcoEvento, también estaba muy orgullosa del resultado, lo que me llenó a mí de una profunda satisfacción. Fue genial la forma en que se desarrolló todo; desde el espontáneo comienzo al trabajo conjunto final. Qué fortuna que haya surgido la posibilidad de poner en práctica algo de lo aprendido en los cursos y que el resultado haya sido tan gratificante tanto para mí como para el resto. ¡Gracias, Fabi!
Después del "trabajo" me tomé, cómo no, unos días de descanso. Cualquier excusa era buena para extender la estancia en el Cabo: sol, arena y mar, largos paseos por la playa, atardeceres, hogueras, asados, buenas conversaciones, risas y, bueno, un sin fin de motivos para no irse, pero habia que irse. Disfruté de todo y de todos una semana más y me fui, con pena, pero esta vez segura de la decisión. Me despedí del Cabo y de su gente maravillosa y
continué mi viaje por Uruguay hasta la frontera
con Brasil y luego regresé a Buenos Aires de nuevo para terminar de una ve por todas de recorrer Argentina. Lo que había comenzado como una simple escapada de una semana a Uruguay, se convirtió en un mes y medio de profundo aprendizaje. Y fue maravilloso por lo inesperado y maravilloso por lo espontáneo. Fue todo un reto el romper con lo planificado para dejarme llevar y, así, dejar fluir a la vida y con ella las sorpresas que ésta nos aguarda. Hermoso.
Asi que, hace tres días que dejé Uruguay para pisar territorio Argentino. Y ahora que estoy aquí y recuerdo los momentos vividos allí para relatárselos a ustedes me siento triste y melancólica. Uruguay me llegó muy adentro; su gente tranquila, amable y noble, me hechizó tanto
como sus sierras hermosas de contornos suaves e inmensas praderas verdes, salpicadas de vacas y grupos de eucaliptos. Qué tierra tan rica por sencilla. Me enamoró. Y seguramente vuelva y por mucho más tiempo.
Beso
Y bueno, llegué, hablé con Fabiana sobre su plan y nos metimos manos a la obra. Había dos cosas que hacer; tapiar una puerta y abrir el hueco para esa misma puerta en otra pared. La idea estaba clara: como en el Cabo, por ser espacio natural protegido, no se puede construir y, por ende, tampoco entrar materiales de construcción, había que inventar la manera de, con los recursos del lugar, lograr el objetivo. Así que, los principios permaculturales dieron sus primeros frutos cuando se me ocurrió reutilizar los materiales existentes y sobrantes del Cabo, es decir, la basura. Por un lado, sugerí la idea de tapiar el hueco levantando una pared con botellas de plástico. Y, por otro lado, encalar en hueco que íbamos a abrir en la pared con una mezcla hecha a base de arcilla, arena, caca de caballo y agua. El hueco que había que tapiar era interior, así que, el plástico no se degradaría. Era una buena opción: barata, sostenible, estética y legal. Y fue acogida con mucho entusiasmo. Todos se ofrecieron a ayudar y en un momento se formó un equipo de trabajo de primera. Santi, mi pequeño hermano uruguayo, se entusiasmó tanto que rompió el muro en un pispás. Los demás nos repartimos el resto del trabajo: recuperar botellas en las basuras y rellenarlas con arena o agua e ir a buscar arcilla en los médanos, arena en la playa y caca de caballo. Los materiales estaban todos allí, sólo había que encontrarlos y traerlos. La búsqueda fue un éxito, conseguimos muchas botellas, arcilla de calidad y caca de la buena; con consistencia y poco olorosa ;-)
Las botellas eran todas transparentes y las rellenamos unas con arena y otras con agua. Las que se rellenaban con agua servirían para dejar pasar la luz a través de la pared y lograr el efecto de la Noctilucas en referencia al nombre de la Posada. Las Noctilucas son las luciérnagas del mar; es el plancton que hay en el océano y que, al agitar el agua por la noche, debido a la energía estática, éste se ilumina.
Ése es el efecto estético que queríamos lograr y, con la
paciencia y la pericia de la parte femenina del equipo, se consiguió.
Cuando terminamos, todos estábamos contentos con el trabajo realizado y Fabiana, la "protomotora" del EcoEvento, también estaba muy orgullosa del resultado, lo que me llenó a mí de una profunda satisfacción. Fue genial la forma en que se desarrolló todo; desde el espontáneo comienzo al trabajo conjunto final. Qué fortuna que haya surgido la posibilidad de poner en práctica algo de lo aprendido en los cursos y que el resultado haya sido tan gratificante tanto para mí como para el resto. ¡Gracias, Fabi!
Después del "trabajo" me tomé, cómo no, unos días de descanso. Cualquier excusa era buena para extender la estancia en el Cabo: sol, arena y mar, largos paseos por la playa, atardeceres, hogueras, asados, buenas conversaciones, risas y, bueno, un sin fin de motivos para no irse, pero habia que irse. Disfruté de todo y de todos una semana más y me fui, con pena, pero esta vez segura de la decisión. Me despedí del Cabo y de su gente maravillosa y
continué mi viaje por Uruguay hasta la frontera
con Brasil y luego regresé a Buenos Aires de nuevo para terminar de una ve por todas de recorrer Argentina. Lo que había comenzado como una simple escapada de una semana a Uruguay, se convirtió en un mes y medio de profundo aprendizaje. Y fue maravilloso por lo inesperado y maravilloso por lo espontáneo. Fue todo un reto el romper con lo planificado para dejarme llevar y, así, dejar fluir a la vida y con ella las sorpresas que ésta nos aguarda. Hermoso.
Asi que, hace tres días que dejé Uruguay para pisar territorio Argentino. Y ahora que estoy aquí y recuerdo los momentos vividos allí para relatárselos a ustedes me siento triste y melancólica. Uruguay me llegó muy adentro; su gente tranquila, amable y noble, me hechizó tanto
como sus sierras hermosas de contornos suaves e inmensas praderas verdes, salpicadas de vacas y grupos de eucaliptos. Qué tierra tan rica por sencilla. Me enamoró. Y seguramente vuelva y por mucho más tiempo.
Beso
sábado, 24 de marzo de 2012
Comunidad La Tahona.
Cambiando de tercio; de lo emocional a los hechos, continuo con lo que iba diciendo:
llegué a esta comunidad donde el único hospedaje que hay para visitantes es una posada tipo hotel que sale una pasta por noche, así que, cuando la chica que me dijo el precio me vio la cara de susto, me comentó que si tenia tienda de campaña podía acampar, pero claro, yo no llevo tienda, así que, le pregunte si aceptaban ayuda a cambio de hospedaje y dijo que lo podríamos mirar y hablar con el resto de la comunidad. Mientras tanto, me dejó quedarme en un Tippi indio para no tener que pagar los 80$/noche q salía la posada. Cuando vi el tippi flipé: igualito a los de las peliculas de indios y vaqueros, con fogata en el centro y todo. Muy rudimentario: colchón a ras de suelo, mosquitos y bichos varios, baños a 200m, o sea, culo al aire cada vez que se presenten las
necesidades fisiológicas, etc. Pero suficiente para este bolsillo cada vez más expoliado. Al día siguiente ya tuve forma de pagar mi humilde hospedaje; colaborando en la construcción de un centro para niños. Se terminó el descanso playero, manos a la obra. Encima utilizan una técnica que no conocía: hiper-adobe, muy rápida, pero dura y no muy estable; hubo una tormenta muy fuerte la noche del día que estuve en la obra y se desplomó parte de una pared, sin embargo, el Tippi donde estoy, que yo pensé que volaba por el viento o se inundaba, aguantó como un campeón, increíble; vaya nochecita... no saben lo bien que dormí con esos truenos que sonaban como si se estuviera partiendo el cielo en dos...y las gotitas de lluvia parecían pedruscones...joder, cómo deseé haber pagado los 80$...
Lo bueno es que tanto el Tippi como yo sobrevivimos y ahora somos inseparables, ya no me sacan de aki ni de broma. Estoy encantada, de hecho, ha habido más tormentas nocturnas y las he disfrutado, cómo cambian las cosas.
Hoy limpié a fondo cocina y baños comunes para pagar las inolvidables noches en el Tippi y mañana voy ordeñar unas vacas a las 07:00 de la mañana....cómo me excita lo de apretar pezones gigantes a esa hora...
Así que les dejo que mañana madrugo muuuuuuuuuuucho...
llegué a esta comunidad donde el único hospedaje que hay para visitantes es una posada tipo hotel que sale una pasta por noche, así que, cuando la chica que me dijo el precio me vio la cara de susto, me comentó que si tenia tienda de campaña podía acampar, pero claro, yo no llevo tienda, así que, le pregunte si aceptaban ayuda a cambio de hospedaje y dijo que lo podríamos mirar y hablar con el resto de la comunidad. Mientras tanto, me dejó quedarme en un Tippi indio para no tener que pagar los 80$/noche q salía la posada. Cuando vi el tippi flipé: igualito a los de las peliculas de indios y vaqueros, con fogata en el centro y todo. Muy rudimentario: colchón a ras de suelo, mosquitos y bichos varios, baños a 200m, o sea, culo al aire cada vez que se presenten las
necesidades fisiológicas, etc. Pero suficiente para este bolsillo cada vez más expoliado. Al día siguiente ya tuve forma de pagar mi humilde hospedaje; colaborando en la construcción de un centro para niños. Se terminó el descanso playero, manos a la obra. Encima utilizan una técnica que no conocía: hiper-adobe, muy rápida, pero dura y no muy estable; hubo una tormenta muy fuerte la noche del día que estuve en la obra y se desplomó parte de una pared, sin embargo, el Tippi donde estoy, que yo pensé que volaba por el viento o se inundaba, aguantó como un campeón, increíble; vaya nochecita... no saben lo bien que dormí con esos truenos que sonaban como si se estuviera partiendo el cielo en dos...y las gotitas de lluvia parecían pedruscones...joder, cómo deseé haber pagado los 80$...
Lo bueno es que tanto el Tippi como yo sobrevivimos y ahora somos inseparables, ya no me sacan de aki ni de broma. Estoy encantada, de hecho, ha habido más tormentas nocturnas y las he disfrutado, cómo cambian las cosas.
Hoy limpié a fondo cocina y baños comunes para pagar las inolvidables noches en el Tippi y mañana voy ordeñar unas vacas a las 07:00 de la mañana....cómo me excita lo de apretar pezones gigantes a esa hora...
Así que les dejo que mañana madrugo muuuuuuuuuuucho...
De Cabo Polonio a La Tahona. La transición.
Cuando conseguí salir del Cabo Polonio, me fui directa a una comunidad que me había recomendado la dueña del Noctilucas. Noctilucas es la posada donde me estuve hospedando o, mejor dicho, la casa que me acogió todo el tiempo que estuve en el Cabo. Fabiana, la dueña, me cuidó como a una hija, fue estupenda, de hecho, no me cobró la última semana que estuve allí. Fue una experiencia muy linda, entre todos los que estuvimos allí formamos un pequeño hogar; cada uno aportaba lo que sabía según sus habilidades, en mi caso; "por la boca muere el pez": me ocupaba de los desayunos, cenas y clases de surf. En una ocasión en el desayuno les preparé el Typical Spanish "pan tumaca", cómo se deleitaron ;-) y en el resto de desayunos me encargué de convertirles a todos en adictos a la mantequilla, y, en las cenas, al ajo, carajo!! Y así nos enriquecimos unos a otros lo que hizo que cada vez se me hiciera más difícil salir de allí.
Hay algo que me gustaría compartir;
el día que me fui, desde que me subí al autobús, me sentí muy triste, pero no fue eso lo que me sorprendió. A medida que me alejaba, a la tristeza se le sumó una profunda desorientación. Me sentía perdida. Sabía que me dirigía a la comunidad La Tahona, pero no entendía por qué me dirigía allí, para qué. De repente nada tenia sentido. Me empecé a asustar porque todo estaba careciendo de razón de ser y me invadían sensaciones muy extrañas. No comprendía el cambio brusco de mi estado de animo: tan feliz en el Cabo y tan perdida fuera de él. No entendía nada. Llegué a la comunidad La Tahona y me instalé en un Tippi (tienda India), donde me encerré durante dos días. No quería saber nada de nadie ni del mundo, no sabia lo que me pasaba, estaba asustada y lo único que quería era estar sola. No comí. Sólo respiraba, meditaba e intentaba sentirme, sentir toda aquella desorientación, todo aquel caos interior, toda aquella oscuridad. En algún momento pensé que me estaba volviendo loca o que me habían echado magia negra, yo qué sé, no entendía nada de nada, estaba desesperada por encontrar una respuesta a aquella situación emocional tan caótica y tan inesperada. Incluso pensé en regresar a Tenerife. Pero tuve paciencia e hice lo que tenia que hacer; no huir, sólo sentir y escuchar mi cuerpo, dejarlo sacar todo aquellos sentimientos grises, darles espacio y sentirlos. Lo hice noche y día y noche y día. Además escribí, escribí desesperada todo lo que me estaba pasando y, en alguna ocasión hablé con mi amiga Lilian (la chica con la que vine a Uruguay), quien además de respetar mi espacio y aislamiento, me ayudó escuchando mis divagaciones. Gracias, Lilian. Poco a poco fui entendiendo lo que me pasaba o, eso creo. Para mí fue una situación paralela a la de mi salida de Tenerife. La salida de Tenerife, el comienzo de este viaje, fue como salir del nido familiar de forma definitiva; elegir voluntariamente mi camino desde la conciencia y la madurez. Esa separación emocional o quiebre familiar es, a la vez que necesario, una situación difícil emocionalmente y dura. Como el pajarillo que se lanza por primera vez del nido; le azotan el miedo a la caída, la inseguridad de si sabrá volar, el miedo a perderse, el pánico a la inseguridad del mundo que puede haber más allá del nido, la incertidumbre. Son muchos miedos, muchos sentimientos encontrados, pero sólo un camino; lanzarse y volar. Cuando salí de Tenerife, sentí algo de todo esto, pero no tuve el espacio real de sentirlo porque empecé rápidamente el curso de permacultura, donde no tuve tiempo ni de pensar, ni de sentir nada; inconscientemente me distraje muy rápido de todo aquello que bullía en mi interior. Pero cuando uno no vive lo que tiene que vivir, la vida nos lo vuelve a poner de nuevo por delante para que pasemos los filtros que nos toca afrontar. Y mi nuevo filtro, mi situación paralela, se dio en el Cabo Polonio. Allí me sentí como en casa; con el mar, la playa y la gente que conocí...llevé el tipo de vida que desearía llevar el resto de mi vida; tranquila, sosegada, sumergida en un entorno natural, siguiendo el ritmo del sol...mm.. delicioso..
Por eso se repitió la situación, porque fue como volver a entrar en el "nido"; me sentí segura, protegida, a gusto, feliz... y cuando salí del Cabo, fue como tener que volar de nuevo...y ahora sí, con todo el tiempo para sentir todas las emociones y sentimientos que no pude experimentar cuando salí de mi primer nido; Tenerife.
La verdad es que fue muy desagradable sentir todo ese miedo, tanta incertidumbre, tanta soledad y desesperación. Pero no todo es bello y agradable en la vida y, sobretodo, no podemos quedarnos sólo con la parte rosa de ésta, porque esa es sólo para disfrutar y regocijarse, pero la otra es la que realmente nos sirve para aprender, para conocernos y para saber nuestro autentico camino en la vida.
Además, cuando nos damos el tiempo para escucharnos, por malas que sean las sensaciones y por dura que sea la tormenta, ésta pasa, siempre pasa y, cuando pasa, y nos damos cuenta de que hemos sido capaces de soportar la embestida, y de que, además, vemos todo con mayor claridad y sabemos lo que queremos con toda seguridad, la sensación de gratitud y de felicidad que se genera es tan grande que no te cabe en el pecho. Sientes un profundo agradecimiento por la paciencia que has tenido para contigo y te desborda el amor, amas el universo; a todo y a todos porque, ante todo, te amas a ti y estás en paz contigo. Es maravilloso.
Y bueno...éstas son mis reflexiones después de dos días de aislamiento. (y mama, por favor, no me digas que es tiempo perdido!! ;-) )
Además, mi conclusión es la siguiente: ya sé cómo quiero que sea mi hogar, pero no es hora ahora de crearlo. Siento que es tiempo de aprendizaje y de autoconocimiento, de descubrir y experimentar, de volar. Llegará el momento en que desee enraizarme y crear mi propio nido y, cuando ese momento llegue, desde ya sé cómo quiero que sea ese lugar mío.
un beso a todos. y feliz vuelo.
Hay algo que me gustaría compartir;
el día que me fui, desde que me subí al autobús, me sentí muy triste, pero no fue eso lo que me sorprendió. A medida que me alejaba, a la tristeza se le sumó una profunda desorientación. Me sentía perdida. Sabía que me dirigía a la comunidad La Tahona, pero no entendía por qué me dirigía allí, para qué. De repente nada tenia sentido. Me empecé a asustar porque todo estaba careciendo de razón de ser y me invadían sensaciones muy extrañas. No comprendía el cambio brusco de mi estado de animo: tan feliz en el Cabo y tan perdida fuera de él. No entendía nada. Llegué a la comunidad La Tahona y me instalé en un Tippi (tienda India), donde me encerré durante dos días. No quería saber nada de nadie ni del mundo, no sabia lo que me pasaba, estaba asustada y lo único que quería era estar sola. No comí. Sólo respiraba, meditaba e intentaba sentirme, sentir toda aquella desorientación, todo aquel caos interior, toda aquella oscuridad. En algún momento pensé que me estaba volviendo loca o que me habían echado magia negra, yo qué sé, no entendía nada de nada, estaba desesperada por encontrar una respuesta a aquella situación emocional tan caótica y tan inesperada. Incluso pensé en regresar a Tenerife. Pero tuve paciencia e hice lo que tenia que hacer; no huir, sólo sentir y escuchar mi cuerpo, dejarlo sacar todo aquellos sentimientos grises, darles espacio y sentirlos. Lo hice noche y día y noche y día. Además escribí, escribí desesperada todo lo que me estaba pasando y, en alguna ocasión hablé con mi amiga Lilian (la chica con la que vine a Uruguay), quien además de respetar mi espacio y aislamiento, me ayudó escuchando mis divagaciones. Gracias, Lilian. Poco a poco fui entendiendo lo que me pasaba o, eso creo. Para mí fue una situación paralela a la de mi salida de Tenerife. La salida de Tenerife, el comienzo de este viaje, fue como salir del nido familiar de forma definitiva; elegir voluntariamente mi camino desde la conciencia y la madurez. Esa separación emocional o quiebre familiar es, a la vez que necesario, una situación difícil emocionalmente y dura. Como el pajarillo que se lanza por primera vez del nido; le azotan el miedo a la caída, la inseguridad de si sabrá volar, el miedo a perderse, el pánico a la inseguridad del mundo que puede haber más allá del nido, la incertidumbre. Son muchos miedos, muchos sentimientos encontrados, pero sólo un camino; lanzarse y volar. Cuando salí de Tenerife, sentí algo de todo esto, pero no tuve el espacio real de sentirlo porque empecé rápidamente el curso de permacultura, donde no tuve tiempo ni de pensar, ni de sentir nada; inconscientemente me distraje muy rápido de todo aquello que bullía en mi interior. Pero cuando uno no vive lo que tiene que vivir, la vida nos lo vuelve a poner de nuevo por delante para que pasemos los filtros que nos toca afrontar. Y mi nuevo filtro, mi situación paralela, se dio en el Cabo Polonio. Allí me sentí como en casa; con el mar, la playa y la gente que conocí...llevé el tipo de vida que desearía llevar el resto de mi vida; tranquila, sosegada, sumergida en un entorno natural, siguiendo el ritmo del sol...mm.. delicioso..
Por eso se repitió la situación, porque fue como volver a entrar en el "nido"; me sentí segura, protegida, a gusto, feliz... y cuando salí del Cabo, fue como tener que volar de nuevo...y ahora sí, con todo el tiempo para sentir todas las emociones y sentimientos que no pude experimentar cuando salí de mi primer nido; Tenerife.
La verdad es que fue muy desagradable sentir todo ese miedo, tanta incertidumbre, tanta soledad y desesperación. Pero no todo es bello y agradable en la vida y, sobretodo, no podemos quedarnos sólo con la parte rosa de ésta, porque esa es sólo para disfrutar y regocijarse, pero la otra es la que realmente nos sirve para aprender, para conocernos y para saber nuestro autentico camino en la vida.
Además, cuando nos damos el tiempo para escucharnos, por malas que sean las sensaciones y por dura que sea la tormenta, ésta pasa, siempre pasa y, cuando pasa, y nos damos cuenta de que hemos sido capaces de soportar la embestida, y de que, además, vemos todo con mayor claridad y sabemos lo que queremos con toda seguridad, la sensación de gratitud y de felicidad que se genera es tan grande que no te cabe en el pecho. Sientes un profundo agradecimiento por la paciencia que has tenido para contigo y te desborda el amor, amas el universo; a todo y a todos porque, ante todo, te amas a ti y estás en paz contigo. Es maravilloso.
Y bueno...éstas son mis reflexiones después de dos días de aislamiento. (y mama, por favor, no me digas que es tiempo perdido!! ;-) )
Además, mi conclusión es la siguiente: ya sé cómo quiero que sea mi hogar, pero no es hora ahora de crearlo. Siento que es tiempo de aprendizaje y de autoconocimiento, de descubrir y experimentar, de volar. Llegará el momento en que desee enraizarme y crear mi propio nido y, cuando ese momento llegue, desde ya sé cómo quiero que sea ese lugar mío.
un beso a todos. y feliz vuelo.
lunes, 19 de marzo de 2012
Y dejé el paraíso...
El cielo en la tierra
Un beso lleno de magia real a todos...
Y felicidades retrasadas, pero no por ello menos intensas, a todas las mujeres de mi vida por ese día 8 de marzo que fue nuestro gran día, señoras!! Las recordé desde el Cabo a cada una y les envié besos y abrazos muy fuertes, llenos de amor, llenos de feminidad, de magia y de orgullo de mujer. Las quiero, reinas mías!!! Y los hombres con su lado femenino aceptado siéntanse también felicitados, pues es época de potenciar el lado femenino de la vida. Tambiéne es vuestro dia, pues! felicidades!
Muuuuuak!!!!
domingo, 4 de marzo de 2012
Cabo Polonio: y se hizo la paz...
Por fin Cabo Polonio, el destino final de esta escapada. Y por qué dejar para el final lo mejor del viaje. ¿Habría sido lo mejor de no haber sido el final?
Una lengua de arena y roca se extiende en el océano. La superficie geográfica está salpicada por unas pequeñas cabañas de madera, protegidas desde la costa por grandes familias de leones marinos. La orilla de arena blanca se pierde en el horizonte y, a lo lejos, el cielo azul se funde con el perfil sinuoso de las dunas de arena. No impera el silencio. Reina el rugido que emiten las olas cuando rompen contra la orilla. Rugido que atempera y distorsiona la suave brisa marina. No hay más. No hay menos. La paz del lugar te envuelve, se infiltra en los poros de la piel que empieza a respirar al ritmo de las olas del mar, suave y lento. Se oxigena. Se siente viva de un modo distinto, se intensifican los sentidos. Sonríe. Pide mar. Pide sal. Y pide sol. Se cura poco a poco de las embestidas sensoriales de la ciudad. Se limpia. Se purifica. Y se hace la paz exterior. Y ésta contagia al interior, que bebe sediento todo lo que le proporciona el exterior. Y bebe y bebe. Y se sacia hasta lograr incluso aplacar la insaciable sed de la mente. Y entonces de hace la paz interior. Completa fusión y armonía con el entorno. Paz corporal y silencio mental....ohmmm.....
Una lengua de arena y roca se extiende en el océano. La superficie geográfica está salpicada por unas pequeñas cabañas de madera, protegidas desde la costa por grandes familias de leones marinos. La orilla de arena blanca se pierde en el horizonte y, a lo lejos, el cielo azul se funde con el perfil sinuoso de las dunas de arena. No impera el silencio. Reina el rugido que emiten las olas cuando rompen contra la orilla. Rugido que atempera y distorsiona la suave brisa marina. No hay más. No hay menos. La paz del lugar te envuelve, se infiltra en los poros de la piel que empieza a respirar al ritmo de las olas del mar, suave y lento. Se oxigena. Se siente viva de un modo distinto, se intensifican los sentidos. Sonríe. Pide mar. Pide sal. Y pide sol. Se cura poco a poco de las embestidas sensoriales de la ciudad. Se limpia. Se purifica. Y se hace la paz exterior. Y ésta contagia al interior, que bebe sediento todo lo que le proporciona el exterior. Y bebe y bebe. Y se sacia hasta lograr incluso aplacar la insaciable sed de la mente. Y entonces de hace la paz interior. Completa fusión y armonía con el entorno. Paz corporal y silencio mental....ohmmm.....
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