Algunos ya saben con quién me reuní en Lima hace cuatro días, pero la mayoría no, así que, ahí va el chisme: ¿quién hizo de tripas corazón, se sacudió los miedos y estereotipos sobre latinoamérica y voló más de 15 horas para reunirse aquí, en Perú, conmigo???
¡¡¡ La MAMMA MIA !!!!!
Síííí..... y aún lo estoy asimilando; me cuesta creer que mi madre, aquella que sólo considera vacaciones estar en la playa disfrutando del sol y del mar, haya venido a Perú a reunirse conmigo y, palabras textuales: "sin trastocar tus planes y a seguir tus pasos. Me adapto a ti, Tacha". "Pobre...no sabe lo que dice, qué linda!", pensé. Ella no sabía que seguirme significaba: dormir en literas viejas de dormitorios comunitarios, comer menús en bares de camioneros, caminar mucho cargando la mochila, horas y a veces noches enteras en buses, pateadas de horas para descubrir bellezas naturales, duchas de agua fría (u oler a tigre, a gusto de cada uno) y un largo etc. de incomodidades propias del mochilero. En definitiva; viajar con tacha no es precisamente ir de vacaciones y hacer un poco de turismo, es VIAJAR; con lo bueno y lo no tan bueno q eso supone. Y ¿qué pasó? Que a la vieja le dieron igual mis advertencias y se vino. Y, a mí, me enterneció tanto que, decidí subir, durante el mes que vamos a estar juntas, el caché del viaje para que disfrutáramos las dos de algunas comodidades extras, tales como: dormir en habitaciones para nosotras dos solas, donde pueda tirarse los pedos tranquila, mi niña, ¡qué menos que hacer eso por una madre!
Así que, aquí estamos, recorriendo Perú en bus por la carretera Panamericana, parando en pueblitos chiquitos y visitando lo mucho que tiene este país por enseñar. Ayer, por ejemplo, llegamos a Nazca, un pueblillo en medio del desierto, que se ha hecho mundialmente famoso por las enigmáticas lineas o, mejor dicho, los geoglifos, que un científico descubrió sobrevolando con su avioneta el
desierto. No se sabe quién, ni por qué, ni cómo se hicieron las lineas; si fueron civilizaciones antiguas, extraterrestres o algún pirado, pero es esa incógnita lo que atrae a miles de turistas a este lugar, entre ellos, cómo no, nosotras. Así que, cuando llegamos, nos dejamos acosar por los vendedores a comisión y compramos los tickets para ver las lineas. Nos subimos a una camioneta que nos llevó a las afueras del pueblo, al desierto, donde habían construido una pista improvisada de aterrizaje con la que hacían el negocio del siglo. Con esa pista satisfacían las ansias de curiosidad de los turistas. Y allí estábamos nosotras, sedientas de aventura, dispuestas a cualquier cosa. Así que, nos subimos a una pequeña avioneta para cuatro personas que, según mi madre, era; "un cacharro viejo, tacha" y con ella íbamos a sobrevolar las famosas lineas. Yo me subí súper excitada y mi madre súper desconfiada. Y razones tenia para desconfiar; primero el aspecto arcaico de la avioneta y, segundo, el piloto, que era un alumno en practicas, aunque al lado iba el instructor enseñándole todo. Pero bueno, así, con todo, despegamos y, una vez arriba, la vista era espectacular, igual que el ruido del motor: espectacularmente ensordecedor. Pero eso no fue nada comparado con cómo pilotaba el novato el aparato. Cuando llegamos al primer geoglifo, para que pudiéramos verlo desde la ventanilla, el piloto casi le da la vuelta al avión; ¡giró tanto que las alas estaban casi en vertical respecto del suelo!! A mí se me dio vuelta el estomago con la maniobra. Cuando llegamos al siguiente, lo mismo; otro giro brusco. ¡Buah! yo empece a sentirme mal, a marearme y, como los giros no cesaban, porque había que ver como unos 20 geoglifos, cuando llegamos al décimo, yo ya estaba pálida, empapada en sudor frío, con la tensión por los suelos y vomitando. Mi madre me miraba meada de la risa y me preguntaba si estaba bien. Supongo que eso era lo que decían sus labios, porque con el ruido del motor, no se escuchaba nada de nada. Y ¿qué responderle?. Ajo y agua. No había otra. Ella continuó sacando fotos y yo aguantando como podía los giros de las últimas figuras. Qué pesadilla. Jajajaj...ahora lo escribo y me río, pero ayer, ayer me quería morir; sentirme así de mal en un habitáculo tan pequeño, donde no puedes moverte en absoluto, con un cinturón de seguridad que te sostiene de los hombros hasta las piernas y con el calor que hacia ahí dentro sin poder abrir una ventana, obviamente...uf, una mierda, la verdad.
Pero bueno, ya pasó y, por lo menos a mi madre le gustó el viajecito en avioneta. Así que, una vez en tierra, todos contentos. Luego, para celebrar que sobrevivimos, nos tomamos unos deliciosos Pisco Sour, que es a Peru, lo que la margarita a Méjico.
Y con los efectos pertinentes de dicha bebida, nos subimos a un bus nocturno a dormir la mona hasta el día siguiente o, lo q es lo mismo; 10 horas más tarde, que despertamos en nuestro siguiente destino: Arequipa, desde donde estoy escribiendo este relato, relajada en la preciosa azotea de una antigua casa colonial restaurada en hostel. Mientras tanto, la mamma duerme una placentera siesta. Se ve que le falta practica durmiendo en buses. ;-)
Besosss
sábado, 2 de junio de 2012
jueves, 3 de mayo de 2012
Tierra del Fuego: USHUAIA.
¡Ay, joder, estoy nerviosa! Perdonen mi vocabulario, pero me acaban de confirmar que mañana sale el velero en el que voy a cruzar el Canal Beagle y que me llevará desde Ushuaia (Argentina) hasta Puerto Williams (Chile). Parece que el estado de la mar y del viento va a ser razonable para navegar, así que, ¡pa'llá que vamos!
Puerto Williams es el puerto más austral del mundo y la última parada antes de llegar a la Antártida. Un puerto de marineros de los de verdad, pues, los que llegan ahí, han tenido que cruzar el temido Cabo de Hornos.
Me muero de ganas por hacer la travesía. Además, después de llegar, tomaré otro barco, ésta vez un carguero (el presupuesto no da para más), que me llevara lentito hasta Punta Arenas y que pasa por entre las montañosas islas que rodean y protegen Ushuaia y desde donde se verán los glaciares que bajan por los valles de la Cordillera de los Andes.
Será todo un espectáculo helado.
Por cierto, llevo unos días en Ushuaia, ¡en el fin del mundo!, como dicen, y, la verdad es que, como el lugar del mundo más austral que es, esperaba encontrarme una pequeña villa llena de marineros, científicos y aventureros, y no, con una ciudad de 500.000 habitantes venidos de todas partes de Argentina dispuestos a hacer dinero trabajando en las fábricas de montaje de componentes electrónicos que las grandes marcas japonesas tienen aquí, pues es una zona libre de impuestos. Eso es Ushuaia ahora mismo. Pero aún así, a pesar de que parezca una pequeña Buenos Aires con tanto coche y bocinazos, desde que sales de la
ciudad, ya sea, para navegar por el canal Beagle o para pasear por los
senderos de las imponentes cordilleras o de su bellísimo Parque Nacional, te encuentras de frente con los representantes vivos de la naturaleza austral, dígase aves; cormoranes, albatros, pingüinos, patos, cisnes, bagúes, etc. o, mamíferos, bien acuáticos; leones marinos, focas, ballenas, toninas, etc, o bien, terrestres; nutrias, caballos salvajes, huemules (tipo de yama), pumas, zorros, etc.
Y realmente te los encuentras
a montones, hay muchísima fauna y muy variada. Es espectacular y puedes sacar fotos hasta la saciedad.
Me gustó venir hasta aquí. Hubo momentos en que dudé si realmente llegaría, después de tanta parada imprevista en el viaje, no estaba segura de nada. Pero parece que sí, que al final el sur me esperaba y me abrió las puertas de par en par; de nuevo con buen tiempo y dispuesto a enseñarme una naturaleza tan distinta y variada que me ha dejado con la boca abierta. Cuánta belleza y cuánta lucha, tanto animal como floral, por adaptarse a las duras condiciones de este lugar. Son ejemplos dignos de admiración, al menos para mí; muestra de una lucha silenciosa y continua por la supervivencia a lo largo de los siglos.
Foto1: Faro más austral del mundo.
Foto2: Pico Fitz Roy
Foto3: Bosque de Lengas (tipo de roble) y cascada.
Foto4: Representación callejera de los Yámanas, indígenas de Tierra del Fuego.
Foto5: Caballos salvajes (P. N. Ushuaia)
Puerto Williams es el puerto más austral del mundo y la última parada antes de llegar a la Antártida. Un puerto de marineros de los de verdad, pues, los que llegan ahí, han tenido que cruzar el temido Cabo de Hornos.
Me muero de ganas por hacer la travesía. Además, después de llegar, tomaré otro barco, ésta vez un carguero (el presupuesto no da para más), que me llevara lentito hasta Punta Arenas y que pasa por entre las montañosas islas que rodean y protegen Ushuaia y desde donde se verán los glaciares que bajan por los valles de la Cordillera de los Andes.
Será todo un espectáculo helado.
Por cierto, llevo unos días en Ushuaia, ¡en el fin del mundo!, como dicen, y, la verdad es que, como el lugar del mundo más austral que es, esperaba encontrarme una pequeña villa llena de marineros, científicos y aventureros, y no, con una ciudad de 500.000 habitantes venidos de todas partes de Argentina dispuestos a hacer dinero trabajando en las fábricas de montaje de componentes electrónicos que las grandes marcas japonesas tienen aquí, pues es una zona libre de impuestos. Eso es Ushuaia ahora mismo. Pero aún así, a pesar de que parezca una pequeña Buenos Aires con tanto coche y bocinazos, desde que sales de la
ciudad, ya sea, para navegar por el canal Beagle o para pasear por los
senderos de las imponentes cordilleras o de su bellísimo Parque Nacional, te encuentras de frente con los representantes vivos de la naturaleza austral, dígase aves; cormoranes, albatros, pingüinos, patos, cisnes, bagúes, etc. o, mamíferos, bien acuáticos; leones marinos, focas, ballenas, toninas, etc, o bien, terrestres; nutrias, caballos salvajes, huemules (tipo de yama), pumas, zorros, etc.
Y realmente te los encuentras
a montones, hay muchísima fauna y muy variada. Es espectacular y puedes sacar fotos hasta la saciedad.
Me gustó venir hasta aquí. Hubo momentos en que dudé si realmente llegaría, después de tanta parada imprevista en el viaje, no estaba segura de nada. Pero parece que sí, que al final el sur me esperaba y me abrió las puertas de par en par; de nuevo con buen tiempo y dispuesto a enseñarme una naturaleza tan distinta y variada que me ha dejado con la boca abierta. Cuánta belleza y cuánta lucha, tanto animal como floral, por adaptarse a las duras condiciones de este lugar. Son ejemplos dignos de admiración, al menos para mí; muestra de una lucha silenciosa y continua por la supervivencia a lo largo de los siglos.
Foto1: Faro más austral del mundo.
Foto2: Pico Fitz Roy
Foto3: Bosque de Lengas (tipo de roble) y cascada.
Foto4: Representación callejera de los Yámanas, indígenas de Tierra del Fuego.
Foto5: Caballos salvajes (P. N. Ushuaia)
sábado, 28 de abril de 2012
Glaciar Perito Moreno.
Cuando se tiene delante de los ojos un río de hielo de 30 km de largo y 15 km de ancho y 20 m de altura y que avanza 3 m diarios...uno se olvida de absolutamente todo; de las 30 horas de bus, del frio y hasta de su propio nombre. De repente te sientes hormiga. Ni la mejor de las meditaciones logra lo que el glaciar Perito Moreno; que la mente se quede de golpe en blanco. El flujo de pensamientos de congela para dejar paso a la impresión tan grande que causa esa enorme muralla de hielo azul y blanca. No puedes despegar los ojos de ella; te hipnotizan sus formas irregulares, las afiladas puntas, las grietas profundas y la increíble gama de azules. Es una sensación tan embriagadora que quieres abrazar la gigantesca masa de agua y perderte en ella, fundirte en ese azul intenso.
Una se siente nada y menos ante la majestuosidad de la naturaleza. Pero no por ello te sientes inferior o desdichada, al
contrario, la Pachamama es tan sabia que, ante una muestra tan grandiosa de su belleza, es capaz de contagiarte y hacerte sentir que también formas parte de ella, que, en realidad, somos una; la
misma esencia, distinta forma. Ojalá, al igual que la madre naturaleza esculpe la suya, desarrollemos nosotros nuestra belleza interior, y sin prisa pero sin pausa, como ella nos enseña para que podamos así, contagiar al resto del mundo, que le hace mucha falta, y sentir más amor por nosotros, por nuestro entorno y por nuestro planeta.
Si aprendemos a observar, veremos cuántas lecciones valiosas nos tiene preparadas la madre tierra. Y ahí están, listas para todo aquel que quiera verlas y las busque con el corazón.
viernes, 27 de abril de 2012
Temporada baja
Hasta ahora, recorrer zonas turísticas en temporada baja, para mí siempre ha sido más positivo que negativo; desaparece la gran masa de gente, los
precios caen, a la gente local le baja la repentina fiebre del oro y trata mejor y cuida más al poco turista que sigue llegando, etc. De hecho, en todo lo que he recorrido hacia el sur, no me he encontrado con un sólo extranjero, lo que ha generado que los locales con los que viajo muestren interés en ésta foránea y se acerquen a charlar. He disfrutado de lindas conversaciones en autobuses y barcos. La gente te habla de los problemas o la belleza de su zona y no imaginan la cantidad de información práctica y cultural que me aportan. Muchos me dan consejos e incluso me han ayudado a organizar mi viaje sin plan. Esta parte del viaje es la que me encanta, la que me llena y de la que más aprendo y es por eso, que me gusta viajar en temporada baja. Sin embargo, tengo que decir que en la Patagonia, tanto chilena como argentina, cuando se habla de temporada baja, llevan el término a su máxima expresión: no turistas, no servicios. Los servicios se reducen a menos que el mínimo. Me he encontrado transportes que ni siquiera operan más hasta el próximo verano. Cerraron y punto. Otros que reducen tanto los servicios que operan una vez a la semana y, si llegaste el
día después de la salida, ajo y agua, o esperas una semana en un pueblo perdido de la mano de Dios o cambias tu ruta. Que fue lo que me paso ayer; que por no esperar esa semana, tuve que pasar al otro lado de la frontera y cruzar la
Patagonia de oeste a este, para poder llegar por fin a la punta sur de Argentina. 24 horas en bus, pero era eso, o perder una semana esperando al siguiente bus. Lo malo es que no hay cómo anticiparse a esto porque no hay
donde informarse. Las empresas no actualizan sus páginas y, si llamas, o no cogen el teléfono, o no tienen ni idea. En fin, hay que echarle paciencia y buena onda porque, porque si no, te amargas. Yo estuve gran parte del trayecto que hice en barco planeando la ruta que iba a hacer por tierra y ayer se fue todo al carajo, horas de planificación perdidas y sitios que deseaba recorrer cerrados. ¿Qué le vas a hacer? Tomártelo con humor, no más. Y bueno, a todo esto, aún no he llegado. Aquí sigo; en el bus, con el culo dormido, los ojos cuadrados, con dos entradas del blog escritas, con miles de hectáreas de pampa argentina oteada, con decenas de páginas de mis libros leídas y miles de pensamientos cruzados...a los que se suman uno más: "está bueno esto de escribir un blog, logra matar bien el aburrimiento y descargar la mala ostia...mmm...me
siento como nueva".
Lo siento lectores, no todo es fiesta cuando se viaja, hay partes tediosas...y también corresponde contarlas.
Gracias por la paciencia, escribir me hace bien.
Un beso.
precios caen, a la gente local le baja la repentina fiebre del oro y trata mejor y cuida más al poco turista que sigue llegando, etc. De hecho, en todo lo que he recorrido hacia el sur, no me he encontrado con un sólo extranjero, lo que ha generado que los locales con los que viajo muestren interés en ésta foránea y se acerquen a charlar. He disfrutado de lindas conversaciones en autobuses y barcos. La gente te habla de los problemas o la belleza de su zona y no imaginan la cantidad de información práctica y cultural que me aportan. Muchos me dan consejos e incluso me han ayudado a organizar mi viaje sin plan. Esta parte del viaje es la que me encanta, la que me llena y de la que más aprendo y es por eso, que me gusta viajar en temporada baja. Sin embargo, tengo que decir que en la Patagonia, tanto chilena como argentina, cuando se habla de temporada baja, llevan el término a su máxima expresión: no turistas, no servicios. Los servicios se reducen a menos que el mínimo. Me he encontrado transportes que ni siquiera operan más hasta el próximo verano. Cerraron y punto. Otros que reducen tanto los servicios que operan una vez a la semana y, si llegaste el
día después de la salida, ajo y agua, o esperas una semana en un pueblo perdido de la mano de Dios o cambias tu ruta. Que fue lo que me paso ayer; que por no esperar esa semana, tuve que pasar al otro lado de la frontera y cruzar la
Patagonia de oeste a este, para poder llegar por fin a la punta sur de Argentina. 24 horas en bus, pero era eso, o perder una semana esperando al siguiente bus. Lo malo es que no hay cómo anticiparse a esto porque no hay
donde informarse. Las empresas no actualizan sus páginas y, si llamas, o no cogen el teléfono, o no tienen ni idea. En fin, hay que echarle paciencia y buena onda porque, porque si no, te amargas. Yo estuve gran parte del trayecto que hice en barco planeando la ruta que iba a hacer por tierra y ayer se fue todo al carajo, horas de planificación perdidas y sitios que deseaba recorrer cerrados. ¿Qué le vas a hacer? Tomártelo con humor, no más. Y bueno, a todo esto, aún no he llegado. Aquí sigo; en el bus, con el culo dormido, los ojos cuadrados, con dos entradas del blog escritas, con miles de hectáreas de pampa argentina oteada, con decenas de páginas de mis libros leídas y miles de pensamientos cruzados...a los que se suman uno más: "está bueno esto de escribir un blog, logra matar bien el aburrimiento y descargar la mala ostia...mmm...me
siento como nueva".
Lo siento lectores, no todo es fiesta cuando se viaja, hay partes tediosas...y también corresponde contarlas.
Gracias por la paciencia, escribir me hace bien.
Un beso.
Ese amor incondicional...
¿Qué es lo que a todos nos viene a la mente cuando pronunciamos o leemos "amor incondicional"?
El amor de un perro, verdad. Y es tan cierto que ese es el mejor ejemplo de amor incondicional, que ya es una expresión hecha. Quién no ha tenido un perro alguna vez en su vida y ha sentido este tipo de amor, más allá de si fue correspondido o no. Quién es capaz de dudar de esa fidelidad que nos brindan día a día, seamos quienes seamos y estemos del humor que estemos. Ya podemos ser unos auténticos hijos de puta con ellos que ellos siempre van a estar ahí de forma incondicional. Jamás van a elegir otro dueño; ni uno más guapo, ni más bueno, ni más inteligente, ni con más dinero, ni con más tiempo libre... Se van a quedar con nosotros por siempre. Ese es su amor. Tan fácil de encontrar y tan poco valorado. Somos masocas; siempre buscamos amores más imposibles, más sufridos. Si un amor es fácil, puro e incondicional, lo desechamos. Qué idiotas.
Estoy en un bus...sí, otra vez y, sí, mi amor a los buses es casi incondicional a estas alturas del viaje. Estoy casada con ellos..una relación amor/odio muy intensa; cuando paso la noche con ellos y me despierto, tengo el cuerpo igual de molido que si hubiera pasado la noche entera con un amante... Cuando me subo los adoro y cuando me bajo los odio. Pero me hacen llegar a sitios maravillosos y vivir en ellos sensaciones intensas como la de ésta noche:
después de la cena (sí, en los buses nocturnos dan cena, señores), pusieron la clásica película americana; buenísima para quedarse plácidamente dormido. Pero ¿qué pasó? que mientras esperaba a quedarme dormida me enganché a la historia que iba de una familia y un perro. Y el perro pa'rriba y el perro pa'bajo... y todo genial y bien americano hasta que el perro, al final de la peli, se muere de viejo. Y, como son poco dramáticos estos de Hollywood , hicieron un final tan triste que hasta las piedras hubieran llorado, ¡cojones! Y aquí estoy, a oscuras en el bus, llorando como una magdalena, (menos mal que estamos a oscuras y que no tengo a nadie al lado..) y recordando a todos los perros con los que he compartido parte de mi vida y que ya no están... snif...snif... y, por supuesto, recuerdo a mi pequeña Thai, y me pregunto cómo estará... allí en Tenerife, en casa de la abuela, esperando a que yo regrese de mi "aventura con los buses" para recibirme con su amor incondicional...
Pd: También van unas lagrimitas por la cantidad de perros abandonados con los que me he encontrado en las calles de Argentina, de Uruguay y de Chile. También ellos me hacen llorar.
Foto1: Thai, mi perra.
Foto2: Perro callejero que se acostó a mi lado en una plaza de Chile.
El amor de un perro, verdad. Y es tan cierto que ese es el mejor ejemplo de amor incondicional, que ya es una expresión hecha. Quién no ha tenido un perro alguna vez en su vida y ha sentido este tipo de amor, más allá de si fue correspondido o no. Quién es capaz de dudar de esa fidelidad que nos brindan día a día, seamos quienes seamos y estemos del humor que estemos. Ya podemos ser unos auténticos hijos de puta con ellos que ellos siempre van a estar ahí de forma incondicional. Jamás van a elegir otro dueño; ni uno más guapo, ni más bueno, ni más inteligente, ni con más dinero, ni con más tiempo libre... Se van a quedar con nosotros por siempre. Ese es su amor. Tan fácil de encontrar y tan poco valorado. Somos masocas; siempre buscamos amores más imposibles, más sufridos. Si un amor es fácil, puro e incondicional, lo desechamos. Qué idiotas.
Estoy en un bus...sí, otra vez y, sí, mi amor a los buses es casi incondicional a estas alturas del viaje. Estoy casada con ellos..una relación amor/odio muy intensa; cuando paso la noche con ellos y me despierto, tengo el cuerpo igual de molido que si hubiera pasado la noche entera con un amante... Cuando me subo los adoro y cuando me bajo los odio. Pero me hacen llegar a sitios maravillosos y vivir en ellos sensaciones intensas como la de ésta noche:
después de la cena (sí, en los buses nocturnos dan cena, señores), pusieron la clásica película americana; buenísima para quedarse plácidamente dormido. Pero ¿qué pasó? que mientras esperaba a quedarme dormida me enganché a la historia que iba de una familia y un perro. Y el perro pa'rriba y el perro pa'bajo... y todo genial y bien americano hasta que el perro, al final de la peli, se muere de viejo. Y, como son poco dramáticos estos de Hollywood , hicieron un final tan triste que hasta las piedras hubieran llorado, ¡cojones! Y aquí estoy, a oscuras en el bus, llorando como una magdalena, (menos mal que estamos a oscuras y que no tengo a nadie al lado..) y recordando a todos los perros con los que he compartido parte de mi vida y que ya no están... snif...snif... y, por supuesto, recuerdo a mi pequeña Thai, y me pregunto cómo estará... allí en Tenerife, en casa de la abuela, esperando a que yo regrese de mi "aventura con los buses" para recibirme con su amor incondicional...
Pd: También van unas lagrimitas por la cantidad de perros abandonados con los que me he encontrado en las calles de Argentina, de Uruguay y de Chile. También ellos me hacen llorar.
Foto1: Thai, mi perra.
Foto2: Perro callejero que se acostó a mi lado en una plaza de Chile.
martes, 24 de abril de 2012
Recibir sin pedir.
Una vez más me siento afortunada. El buque está a punto de atracar en el puerto de destino y, no sólo nos han tocado unos días de navegación increíbles para esta época del año; con buena mar y sol, sino que, para mi sorpresa, el capitán me invitó a cenar con él y con su segundo oficial a su comedor particular. Acepté encantada. Fue una cena muy agradable; hablamos largo y tendido de temas muy interesantes y, además, resultó que el
capitán conocía Tenerife en persona porque había atracado allí varias veces cuando trabajaba como capitán de petroleros. Qué pequeño es el mundo para los hombres de mar... Y qué linda noche para mí.
Encima, como estamos llegando al puerto de destino y ya es de noche, el capitán me ha ofrecido un camarote para que pase la noche abordo y no tenga que salir a estas horas a buscar un hostel. Su gentileza me ha abrumado de tal modo que no puedo más que preguntarme cómo agradecer tanta hospitalidad y amabilidad allá donde voy. Se genera en mí un sentimiento de deuda muy fuerte con el que no sé bien como lidiar. Supongo que se trata de aceptar sin más lo que la vida te brinda, pero mi educación me impide sentirme del todo cómoda si no pago mi deuda de vuelta. Será otra lección más que debo aprender; aprender a recibir. Todo un reto para mí aún. Pero poco a poco. En cualquier caso, doy gracias al universo por esos ángeles que voy encontrando por el camino que tanto me cuidan. Qué suerte. Gracias.
capitán conocía Tenerife en persona porque había atracado allí varias veces cuando trabajaba como capitán de petroleros. Qué pequeño es el mundo para los hombres de mar... Y qué linda noche para mí.
Encima, como estamos llegando al puerto de destino y ya es de noche, el capitán me ha ofrecido un camarote para que pase la noche abordo y no tenga que salir a estas horas a buscar un hostel. Su gentileza me ha abrumado de tal modo que no puedo más que preguntarme cómo agradecer tanta hospitalidad y amabilidad allá donde voy. Se genera en mí un sentimiento de deuda muy fuerte con el que no sé bien como lidiar. Supongo que se trata de aceptar sin más lo que la vida te brinda, pero mi educación me impide sentirme del todo cómoda si no pago mi deuda de vuelta. Será otra lección más que debo aprender; aprender a recibir. Todo un reto para mí aún. Pero poco a poco. En cualquier caso, doy gracias al universo por esos ángeles que voy encontrando por el camino que tanto me cuidan. Qué suerte. Gracias.
lunes, 23 de abril de 2012
Navegar rumbo sur.
10:00 a.m. Zarpa el Don Baldo, buque de la Naviera Austral que, en poco más de un día de navegación, me dejará en el Puerto de Chacabuco, donde comenzaré la travesía por la Carretera Austral hacia la zona de los glaciares.
Había escuchado y leído bastantes historias sobre el Pacífico; un océano temido por impredecible, por su fuerza y su peligrosidad. El clima en esta zona también destaca por su inestabilidad, así pues, hablamos de un cóctel perfecto para poner a prueba a los grandes marineros...y ¿qué soy yo, sino una marinerita canaria con ganas de desafíos? Me sentí atraída por esas historias desde el primer momento y, aquí estoy, lista para desafiar a las fuerzas de la naturaleza y demostrarle al mundo que los canarios somos gente de mar, ¡síí! Y entonces, una vez hubimos zarpado, me envalentono cual intrépida marinera y subo a cubierta y, al salir, los agentes externos me ciegan...pero pronto descubro que no es el gélido viento austral, ni los latigazos de las olas azotando mi cara... no.....es más agradable que eso, de hecho, es algo tremendamente familiar...mmm y cálido...mmm....qué delicia... es el sol vespertino que me pega en la cara como si de un día de verano en Canarias se tratara. Observo y no veo una sola nube en el cielo, no hay una pizca de brisa, el océano, no se sabe bien si es océano o una piscina gigante...de hecho, tan calmo está que, cuando luego me detuve a observarlo vi clarito unas aletas dorsales asomando del agua...las seguí y al momento volvieron a salir, esta vez un poco más y más y más, hasta que salieron del agua los cuerpos completos de tres delfines, ¡delfines saltando! No lo creía, ¡vaya regalo mañanero! Así que, después de semejante panorama, este cuerpo ansioso de aventura, se relajó y disfrutó. De inmediato recordé a mi madre que siempre dice que nosotras llevamos el sol de Canarias allá donde vamos y ¡cómo negarlo! No puedo evitar sonreír por mi dicha... Así pues, que espere el entrenamiento marino, que esta sirena canaria está encantada de sentir el solecito rico en la cara...mmmm..
Había escuchado y leído bastantes historias sobre el Pacífico; un océano temido por impredecible, por su fuerza y su peligrosidad. El clima en esta zona también destaca por su inestabilidad, así pues, hablamos de un cóctel perfecto para poner a prueba a los grandes marineros...y ¿qué soy yo, sino una marinerita canaria con ganas de desafíos? Me sentí atraída por esas historias desde el primer momento y, aquí estoy, lista para desafiar a las fuerzas de la naturaleza y demostrarle al mundo que los canarios somos gente de mar, ¡síí! Y entonces, una vez hubimos zarpado, me envalentono cual intrépida marinera y subo a cubierta y, al salir, los agentes externos me ciegan...pero pronto descubro que no es el gélido viento austral, ni los latigazos de las olas azotando mi cara... no.....es más agradable que eso, de hecho, es algo tremendamente familiar...mmm y cálido...mmm....qué delicia... es el sol vespertino que me pega en la cara como si de un día de verano en Canarias se tratara. Observo y no veo una sola nube en el cielo, no hay una pizca de brisa, el océano, no se sabe bien si es océano o una piscina gigante...de hecho, tan calmo está que, cuando luego me detuve a observarlo vi clarito unas aletas dorsales asomando del agua...las seguí y al momento volvieron a salir, esta vez un poco más y más y más, hasta que salieron del agua los cuerpos completos de tres delfines, ¡delfines saltando! No lo creía, ¡vaya regalo mañanero! Así que, después de semejante panorama, este cuerpo ansioso de aventura, se relajó y disfrutó. De inmediato recordé a mi madre que siempre dice que nosotras llevamos el sol de Canarias allá donde vamos y ¡cómo negarlo! No puedo evitar sonreír por mi dicha... Así pues, que espere el entrenamiento marino, que esta sirena canaria está encantada de sentir el solecito rico en la cara...mmmm..
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